OBJETO DEL CONTRATO Y PLANIFICACIÓN SUCESORIA (EL PACTO DEL ART.1010). Por Carlos Hernández

La planificación sucesoria reviste una marcada importancia social, al constituir un verdadero mecanismo de prevención de conflictos, lo que demuestra su desarrollo en el Derecho comparado. Como toda relación jurídica, se estructura entre sujetos, en relación a un objeto y con una causa determinada. Los sujetos son el planificante y el planificado. El primero es aquel que decide avanzar en la planificación sucesoria y disponer y/u organizar su patrimonio para después de su muerte, mientras que el planificado es el benefeciario de la planificación sucesoria. De todas maneras, no debe olvidarse, que dentro de las herramientas que el CCC ofrece, frecuentemente las calidades de planificante y planificado pueden superponerse, como cuando se ordena una sucesión ajena sin que participe el futuro causante o propietario de los bienes hereditarios. El objeto es el todo o parte del patrimonio del planificante o de un tercero (si en la planificación no participa el causante); y la causa es la voluntad del planificante (futuro causante y/o futuros herederos) de dejar ordenada –total o parcialmente- la sucesión futura.

Para favorecer este instrumento de prevención, el CCC plantea una flexibilización del orden público sucesorio, lo que queda demostrado en varias de sus disposiciones, tales como, la disminución de los montos de legítima (art. 2445 CCC); la mejora a favor del heredero con discapacidad (art. 2448 CCC); los límites a la acción de reducción (art. 2459 CCC); todo lo cual supone ampliar los márgenes de la autonomía privada, cercenada por la sucesión forzosa. Sin embargo, ante la existencia de herederos forzosos, resulta indispensable atender al orden público sucesorio que aún subsiste con cierta fortaleza, y que hace que no pueda excederse –en cuanto a las liberalidades- de la porción disponible del autor de la sucesión4. Aquí se ve nítidamente una tensión entre la autonomía de la voluntad y el orden público.

De modo general puede decirse que, la planificación sucesoria puede realizarse: a) Sin transmisión inmediata de bienes, por ejemplo, a través de un testamento, en donde organiza y divide sus bienes para que tenga efectos luego de su muerte; o b) Con transmisión inmediata de bienes, por ejemplo, mediante el contrato de teniendo en este caso voluntad de despojarse de su patrimonio en beneficio del o de los planificados con efectos en lo inmediato (en cuanto a la transferencia de los bienes) pero con consecuencias –eventualmente- para luego de su muerte; c) Con participación del futuro causante o su cónyuge; o d) Sin participación del futuro causante y su cónyuge.

La planificación puede, además, perseguir diferentes objetivos, tales como, la partición y/o división y/o administración de bienes; la finalidad de mejorar a un heredero forzoso o proteger a un heredero con capacidades diferentes; la transmisión de la empresa familiar, entre muchos otros. Aquí, se planifica para concretar una transmisión no traumática de los emprendimientos familiares. Este constituye un tema de estudio e interés en el último tiempo, que ha sido considerado principalmente desde la perspectiva del Derecho Societario, pese a su directa filiación con el Derecho contractual y el Derecho sucesorio. La relevancia del tema resulta ostensible, toda vez que interesa de modo especial para evitar que la muerte de alguno o varios de sus titulares pueda poner en riesgo la estructura de la empresa familiar.

La circunstancia de tratarse de una operación económica –más menos compleja- sobre una empresa familiar, y relativa a un pacto de herencia futura, explica su tratamiento dentro del Capítulo 5 del “Objeto” del contrato.

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