ADOPCIÓN DE INTEGRACIÓN. Por Bárbara Zanino

LA “ADOPCIÓN DE INTEGRACIÓN” COMO RECONOCIMIENTO A OTRA FORMA DE ORGANIZACIÓN FAMILIAR Y SUS IMPLICANCIAS EN LOS DERECHOS HUMANOS DE NIÑOS, NIÑAS O ADOLESCENTES. Por Bárbara Zanino

En el marco del fenómeno de la constitucionalización del derecho privado, una de las significativas modificaciones que ha traído el Código Civil y Comercial de la Nación (en adelante, CCyCN) se relaciona con la regulación del instituto de la “adopción por integración”, ahora incluido como un tipo autónomo de adopción, en el cual se asumen las diferencias y especificidades con respecto a la adopción simple y plena. Esta incorporación cumple con el principio enunciado en los Fundamentos del Anteproyecto de Código Civil y Comercial, de elaborar un “Código para una sociedad multicultural”, y así considerar las diversas realidades familiares que hoy coexisten en nuestra sociedad. Entre ellas, se encuentran las llamadas “familias ensambladas”, o sea, aquellas originadas en el matrimonio o convivencia, cuando uno o ambos integrantes de la pareja tienen hijos nacidos de una unión anterior, con o sin hijos comunes. La adopción de integración posibilita la consagración legal de un vínculo socio-afectivo preexistente entre el adoptante y el hijo del cónyuge o conviviente, preservando siempre el vínculo filiatorio y todos sus efectos entre el adoptado y su progenitor de origen. Se supera la regulación del anterior Código Civil (en adelante, CC) que únicamente la otorgaba en forma simple (conf. art. 313 CC), la legislación vigente flexibiliza mucho más el instituto, lo amplía también a la pareja convivencial y permite considerar si en el caso concreto, conviene al interés superior del niño/a o adolescente en cuestión, que la adopción se confiera en forma simple pudiendo generar también vínculos jurídicos con la familia del adoptante, o bien, en forma plena, pudiendo subsistir vínculos con la familia de origen del adoptado (conf. art. 631 CCyCN). Nuestro objetivo consiste en comentar la regulación legal de este instituto, dejando en evidencia una de las mayores virtudes de la reforma: la amplitud hacia las nuevas (y no tan nuevas) modalidades de organización familiar, así como el acercamiento del Derecho hacia el reconocimiento de los vínculos socio-afectivos de la persona.

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